En la industria de la moda —y en el arte en general— se ha normalizado una práctica que deberíamos empezar a cuestionar con más seriedad: el famoso derecho de piso. Esa idea de que, para pertenecer, primero hay que trabajar gratis. O casi gratis. O a cambio de “experiencia”, “visibilidad”, “créditos” o una mención en redes.
Lo grave no es solo que esto exista, sino que se haya vuelto una exigencia implícita. Hoy se piden años de experiencia, múltiples habilidades, disponibilidad total y compromiso profesional, pero cuando llega el momento de hablar de retribución, muchos desaparecen o se desentienden. La inversión en estudios, tiempo, herramientas y conocimiento parece no importar
Y aquí hay algo incómodo que decir: esta desvalorización no viene solo de las marcas grandes o del sistema. Nosotros mismos la hemos permitido. Cada vez que aceptamos trabajar sin condiciones claras, cada vez que no ponemos límites, contribuimos a que el trabajo creativo valga menos. Luego no debería sorprendernos que los sueldos sean bajos o que el esfuerzo no se respete.
Muchas marcas quieren crecer rápido, pero lo hacen desde una lógica individualista: sacar el mayor beneficio posible sin pensar en el impacto en quienes las rodean. Se olvidan de algo básico —y bastante tradicional, por cierto—: las industrias sólidas se construyen en conjunto, no a costa de otros.
En Perú hay talento, hay profesionales preparados y hay historias que merecen ser contadas y remuneradas como corresponde. Pero algo se ha ido perdiendo en el camino: el respeto. Hoy parece que se premia más “la viveza” que la ética, más al que saca ventaja que al que construye relaciones a largo plazo.
Este no es un reclamo desde la queja, sino un llamado a la reflexión. Hablo como emprendedora, como comunicadora y como alguien que quiere hacer las cosas diferente en su país. Valorar el trabajo creativo no es un lujo ni una utopía: es una responsabilidad compartida.
Si queremos una industria de la moda más fuerte en Latinoamérica, el cambio empieza por algo simple pero esencial: reconocer que el trabajo se paga, la experiencia no reemplaza la retribución y crecer juntos siempre será más sostenible que crecer solos.